6.1.4.2 La dilatación pupilar

Volver al Apartado 6.1.4

 

Las pupilas humanas aparecen como dos puntos negros en el centro del iris y, como se sabe, se dilatan o se contraen según la luz que les llega. Con la luz de un sol brillante se contraen hasta el tamaño de la cabeza de un alfiler (unos dos milímetros) y con la oscuridad del anochecer se ensanchan hasta cuatro veces este diámetro. Pero no sólo se ven afectadas las pupilas por la luz, también los cambios emocionales afectan al tamaño de las pupilas. Cuando observamos algo que estimula nuestro interés nuestras pupilas se dilatan más de lo que correspondería a la iluminación ambiental del momento. Por el contrario, las pupilas se contraen cuando se observa algo que rechazamos. Estos cambios ocurren sin que nos demos cuenta de ello y al estar fuera de nuestro control constituye una valiosa clave de nuestros verdaderos sentimientos.

En este sentido, Hess y Petrovich (Hess, 1965; Hess & Petrovich, 1978) cuentan sus experiencias con vendedores de jade chinos, relatan que algunos compradores usaban gafas oscuras para ocultar sus ojos a los astutos vendedores chinos, ya que estos sabían que cuando un comprador veía algo que le gustaba se le dilataban las pupilas. Hess (Hess, 1965) también encontró que los hombres heterosexuales tendían a mostrar mayor dilatación pupilar ante fotografías de mujeres que ante fotografías de hombres o de niños, mientras que mujeres heterosexuales tendían a manifestar una mayor dilatación pupilar ante fotografías de hombres o de niños que ante fotografías de mujeres.

Las señales de la pupila no sólo se emiten de forma no consciente, sino que también se reciben no conscientemente.

Caballo (Caballo, 1993) indica que una pareja experimentará mayor excitación emocional si sus pupilas se dilatan y sentirá un apagón emocional si sus pupilas se contraen, pero es poco probable que se asocien estas sensaciones con las señales que trasmiten las pupilas.

La dilatación pupilar puede ser indicativa de un interés positivo con cierta carga sexual hacia el que lo percibe. Un experimento también realizado por Hess {431 Hess, E.H. 1965}} demuestra este hecho; este investigador seleccionó una fotografía de la cara de una mujer que no mostraba una expresión específica. Se construyeron dos versiones de esta cara: una con las pupilas retocadas para hacerlas muy pequeñas y otra con las pupilas retocadas para hacerlas muy grandes. Se proyectaron en un aparato diseñado para medir el cambio pupilar a 20 hombres. Las pupilas de estos aumentaron su tamaño dos veces más cuando vieron la cara de la mujer con las pupilas dilatadas que cuando se les mostró la cara con las pupilas contraídas.

El dilatar con fármacos la pupila de una persona puede hacer más atractiva a esa persona ante un miembro heterosexual del sexo opuesto. Así, se sabe que en la Edad Media las cortesanas de Italia utilizaban el zumo de los frutos de una planta para dar artificialmente “brillo” a sus ojos. Esto es lo que hizo que dicha planta adquiriera el nombre con el que todavía se la conoce hoy en día, Belladona, y el efecto que realmente producía en las mujeres que la utilizaban era la dilatación de las pupilas (Caballo, 1993).

Citation: , Maté, M. d. C. O., González, S. L., Trigueros, M. L. Á. (2010, November 23). 6.1.4.2 La dilatación pupilar. Retrieved November 23, 2014, from OCW Universidad de Cantabria Web site: http://ocw.unican.es/ciencias-de-la-salud/ciencias-psicosociales-i/materiales/bloque-tematico-ii/tema-6.-la-comunicacion-1/6.1.4.2-la-dilatacion-pupilar.
Copyright 2014, por los autores de los cursos. Esta obra se publica bajo una licencia Creative Commons 4.0. Creative Commons 4.0