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9.3 Los aspectos positivos y negativos del conflicto

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Los grupos, argumentan Coser y Simmel (Coser, 1970) necesitan el desacuerdo para desarrollarse y sobrevivir. Pero, podemos añadir, ese mismo desacuerdo, cuando se produce en grado excesivo en el número de partes implicadas, en la intensidad, en la duración o en cualquier otra magnitud que consideremos respecto al conflicto, puede ocasionar consecuencias negativas capaces de extinguir al grupo.

El conflicto, pues, como casi todo en el mundo en que vivimos, es bueno y malo al mismo tiempo. Como indica Fernández Ríos (Fernández, 1999), que sea lo uno o lo otro depende de:

  • Las propiedades del propio conflicto.
  • Las propiedades estructurales, dinámicas y relacionales de las partes implicadas.
  • La posible influencia de terceras partes que directa o indirectamente intervengan en la devenir del proceso conflictivo.
  • Factores casuales o fortuitos cuya ocurrencia puede hacer va­riar drásticamente el rumbo y el ritmo de los acontecimientos.

El conflicto, en muchas ocasiones, aporta beneficios personales o grupales. Cuando hago mención a aspectos positivos del conflicto no lo hago desde el punto de vista de la sociedad en general, ni del bien absoluto, sino desde la perspectiva de una parte que experimenta el resultado como algo positivo para ella. Algunos de los aspectos positivos atribuidos al conflicto son (Fernández, 1999) Incrementa la motivación de los miembros del grupo. Supone, frecuentemente, un reto a las propias capacidades. El conflicto produce un aumento en el nivel de ten­sión del grupo que puede favorecer la creatividad y la motivación. Como seguidamente comentaré, un nivel de tensión sumamente bajo, favorece el conformismo desmotivador que inhibe la autocrítica y la creatividad en las actividades a desarrollar por los miembros del grupo.

  • Promueve el pensa­miento divergente y la innovación a causa de la pluralidad de pun­tos de vista que se producen. Las normas, las reglas y los procedimientos formales pueden lograr la coordi­nación, la cohesión y también la uniformidad, pero no promueven la flexibilidad ni la innovación.
  • Aumenta la calidad en la toma de decisiones. La expresión de puntos de vista alternativos es un componente esencial de una buena toma de deci­siones. Como ya ha quedado plasmado en el tema anterior, los grupos muy homogéneos, con un líder muy directivo y fuertes presiones hacia la uniformidad tienden a producir “pensamiento grupal” que perjudica la calidad de la toma de decisio­nes, al dificultar un análisis detallado de la información considerando diversos puntos de vista y analizando los costes y los beneficios de las distintas alternativas propuestas.
  • Mejora del rendimiento.
  • Es el motor del cambio tanto en su aspecto político y económico como social y tecnológico, al modi­ficar la estructura actual de poder, los patrones de interacción y las actitu­des arraigadas entre sus miembros.
  • Demarca un grupo frente a otros y contribuye a establecer la propia identidad personal y grupal.
  • Promueve la cohe­sión e integración del grupo. Ante un conflicto con otro u otros grupos, si bien se incrementa la hostilidad entre los mismos, las amenazas externas que resultan de esta situación tienden a incrementar la identificación y la solidaridad con el propio grupo.
  • Induce la creación de asociaciones y la forma­ción de coaliciones.

Junto a los aspectos funcionales y, en general, positivos, enume­rados en el epígrafe anterior, existen otros de carácter disfuncional que tienen que ver, fundamentalmente, con el potencial desintegrador del conflicto, con los costes personales, grupales y sociales que conlleva, con la alteración de los objetivos establecidos, con la distribución inadecuada de recursos, etc. También en este caso cuando hablo de aspectos negativos del conflicto no lo hago desde el punto de vista de la sociedad en general, ni del bien absoluto, sino desde la perspectiva de una parte, que experimenta el resultado como algo negativo para ella. Teniendo esto en cuenta, se puede sostener respecto del conflicto afir­maciones como las siguientes (Fernández, 1999):

  • Produce coste personal, grupal y social.
  • La comunicación se reduce y se hace más insegura. Los cana­les de comunicación no se usan o se utilizan para intimidar al otro.
  • Se estimula la idea de que la solución es una cuestión de fuer­za. Ambas partes tratan de aumentar a su favor la diferencia de poder.
  • Se forma una actitud hostil y sospechosa que incrementa la sensibilidad a las diferencias y disminuye la conciencia de las similitudes. Las normas de relación interpersonal se vuelven inaplicables y cada cual se comporta con el otro de un modo que él mismo calificaría de ultrajante.
  • Se producen juicios erró­neos basados en falsas percepciones, tanto respecto del oponente como de uno mismo. Estas falsas percepciones son debidas entre otras causas a la necesidad de congruencia cognitiva, conformi­dad social, a la intensificación del propio conflicto, etc.
  • El conflicto conlleva un alto potencial desintegrador. No todo tipo de conflicto beneficia la estructura de grupo ni tampoco el conflicto sirve necesariamente para tal función en todos los grupos. El conflicto tiende a ser poco funcional para una estructura social en la que no hay tolerancia o en las que la hay pero de manera insuficiente.
  • La experiencia del conflicto es vivida como algo negativo. Las personas se sienten incómodas cuando surgen diferencias. Donde quiera que exista un conflicto, surge inmediatamente la motiva­ción para reducirlo. Ello se debe a que el con­flicto percibido tiene un costo de participación, altera el equilibrio en­tre lo que se da y se percibe y los miembros participantes prefieren la solución del conflicto a cualquier otra.

A modo de resumen y si tuviera que destacar un aspecto positivo y otro negativo del conflicto, me quedaría con los siguientes. Como aspecto positivo: el conflicto es el motor del cambio; como aspecto negativo: el conflicto, con demasiada frecuencia, reduce la comunicación.

 

Copyright 2014, por los autores de los cursos. Cite/attribute Resource. , Maté, M. d. C. O., González, S. L., Trigueros, M. L. Á. (2010, November 23). 9.3 Los aspectos positivos y negativos del conflicto. Retrieved October 01, 2014, from OCW Universidad de Cantabria Web site: http://ocw.unican.es/ciencias-de-la-salud/ciencias-psicosociales-i/materiales/bloque-tematico-iii/tema-9.-los-conflictos/9.3-los-aspectos-positivos-y-negativos-del. Esta obra se publica bajo una licencia Creative Commons 4.0. Creative Commons 4.0
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