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1.2.4 El culturalismo

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  • En lo que respecta a América, la revuelta iniciada contra el evolucionismo por parte del particularismo histórico boasiano iba a tener notoria continuidad en los discípulos de Franz Boas y en otros antropólogos. Se puede decir que, a partir de Boas la antropología de los Estados Unidos va a adquirir un fuerte peso específico, dando vida a un movimiento característicamente norteamericano que se denomina culturalismo, a cuya cabeza se va a situar, precisamente, el particularismo histórico, con fuerza suficiente para influir en el resto del mundo. La alternativa europea, como se ha dicho, será el funcionalismo.
  • Una de las primeras hijuelas del particularismo es una escuela que se denominó Cultura y Personalidad, cuya impronta sería tan grande que aún hoy en día en muchos países del mundo existen materias de las enseñanzas académicas que se denominan con el nombre de esta escuela. Es el resultado de la recepción en el movimiento boasiano de las teorías de Freud y, por tanto, constituye un intento para encontrar explicaciones psicológicas en la conformación de la cultura. Podemos considerar a la escuela como defensora de un funcionalismo de corte psicológico.
  • La escuela nace con dos de las discípulas de Boas: Ruth Benedict (1887-1948) y Margaret Mead (1901-1978). Se intenta explicar la personalidad del individuo a través de la influencia de la cultura en la que se inserta, la cual, a su vez, se halla modelada por los propios individuos que participan de ella. Tanto el carácter del individuo como la personalidad cultural colectiva (incluida la nacional) son consecuencia del aprendizaje de una serie de pautas, de valores y de creencias. 
  • Otra parte de la antropología ligada a Boas adopta posiciones materialistas. El origen se encuentra en la perspectiva que introduce L. White (1900-1974), al intentar corregir los excesos del evolucionismo y adoptar posiciones neoevolucionistas. En relación con su teoría, fue J. Steward (1902-1972) el que alentó la llamada ecología cultural, de profundas repercusiones en el corpus antropológico, al explicar la cultura por la interacción con el medio natural. Para poder verificar la teoría, Steward convirtió el Continente americano en un objeto de conocimiento de la antropología cultural, prestando atención por igual a los aspectos históricos de las viejas civilizaciones prehispánicas y a las culturas indígenas y campesinas de su tiempo. La conclusión de J. Steward  fue que era posible adoptar un enfoque evolucionista, pero no tradicional o unilineal, sino multilineal.
  • Ciertamente, a partir de J. Steward, se produjo una divergencia en la postura neoevolucionista, naciendo, por un lado, una orientación dialéctico-crítica y, por otro lado, otra más propia del materialismo cultural. Si Marx e Engels habían tenido una aceptación muy atenuada antes de los años 60 del siglo XX, los antropólogos dialéctico-críticos adoptan una postura sustanciada en una influencia más directa de la teoría marxista. La antropología dialéctico-crítica supuso un paradigma que gozó de aceptación a partir de los años sesenta.
  • El caso de Stanley Diamond, a propósito de la antropología dialéctico-crítica, es significativo. Su talante crítico y un deseo de transformación de la sociedad, le orientó al estudio de sociedades primitivas que pudiera mostrarle las deficiencias de las sociedades complejas. La herencia ilustrada de pensadores como Rousseau y su interés por el enfoque marxista le conducen a elaborar a elaborar y defender su paradigma dialéctico-crítico.
  • También en Europa prende esta antropología dialéctico-crítica a partir de este mismo momento. Ello se evidencia especialmente en el caso de Francias, donde se configura una antropología enraizada en el marxismo pero metida por la savia estructuralista. En este sentido, resulta bien expresiva la antropología de M. Godelier, cuyo trabajo sobe los Baruya de Nueva Guinea desde 1967 ha estado orientado por estos principios.
  • Sin embargo, a partir de la ecología cultural nació un enfoque que, reconsiderando la teoría neoevolucionista de White, la de la ecología cultural de Steward y la del materialismo marxista, comporta una nueva teoría conocida con el nombre de materialismo cultural, cuyo éxito fue notable a partir de los años setenta del siglo XX.  Así, el materialismo cultural representa un nuevo paradigma, defendido por autores como M. Harris (1927-2001), que valora sustantivamente las condiciones materiales de la cultura, pero rebajando sustancialmente la influencia dialéctica, sin renunciar a la actitud crítica. Este paradigma del materialismo cultural se resume en el llamado determinismo tecno-ambiental. Es esta idea la que explica el hecho de que la estrategia de investigación que lleva aparejada le conceda prioridad a las condiciones materiales de la vida sociocultural.
  • La teoría del materialismo cultural está anclada no sólo en el materialismo marxista, de forma un tanto atenuada, sino en la tradición intelectual europea que arranca de la Ilustración. La esencia es que el ser humano trata de solventar las necesidades materiales antes que otras, aunque estas últimas condicionen también sus decisiones. Hay algo que separa a la antropología dialéctica del materialismo cultural de forma muy clara, y es que en el caso de éste, la antropología no es el medio que contribuye a favor de la causa política.
  • En el materialismo cultural, la cultura se percibe en el estudio de una sociedad a través de una estructura compuesta por tres partes: la infraestructura, que integra la producción y la reproducción, muy variables según las condiciones del medio y las tecnológicas; la estructura, que incluye la economía doméstica y la política; y la superestructura, que se refiere al pensamiento y la conducta.
  • Aún hay otra perspectiva teórica ligada al culturalismo que, sin embargo, difiere considerablemente de las demás. Se la designa con el nombre de simbolismo, o también con el de sociosimbolismo. A pesar de que entre sus cultivadores hay diferencias notables, hay coincidencia en estudiar la cultura como conjunto de símbolos y significados compartidos. Cada cultura se compone de un sistema de unidades o, si se prefiere, de constructos. Los representantes típicos de este paradigma son C. Geertz, D. Schneder y V. Turner.
  • Efectivamente, los trabajos de Geertz (1926-2006) constituyen un ejemplo de este tipo de análisis basados en los aspectos simbólicos. Su técnica consiste en localizar documentos o textos expresivos de una cultura y analizarlos con la mayor precisión posible. En el caso del las peleas de gallos analizadas por este antropólogo en La interpretación de las culturas (1973), arquetípicas de Bali, descubre una serie de elementos o unidades culturales, tales como el narcisismo masculino, la competitividad de los hombres, la importancia del juego, etc, que muestran el auténtico retrato de la sociedad que estudia.

Copyright 2014, por los autores de los cursos. Cite/attribute Resource. 1.2.4 El culturalismo. (2010, July 30). Retrieved April 20, 2014, from OCW Universidad de Cantabria Web site: http://ocw.unican.es/humanidades/introduccion-a-la-antropologia-social-y-cultural/material-de-clase-1/tema-1.-la-antropologia-socio-cultural/2.2.4-el-culturalismo. Esta obra se publica bajo una licencia Creative Commons 4.0. Creative Commons 4.0