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3.7.1 La reciprocidad

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  • La reciprocidad constituye el medio más espontáneo de distribución de los bienes y servicios. La hallamos en todos los ámbitos de la vida de las sociedades y puede adquirir formas de gran complejidad. Es el medio más ordinario y potente de la distribución en las sociedades más elementales pero, como se acaba de señalar también está presente en las sociedades complejas en forma de trasferencias diádicas muy variadas.
  • Entendemos por reciprocidad la correspondencia que se establece entre el acto de dar y el de tomar sin que intervenga el dinero. Las trasferencias de alimentos que se producen en las sociedades tradicionales se enmarcan ordinariamente en la reciprocidad. También las ayudas de unas personas a otras y de unos grupos a otros se mueven en el ámbito de la reciprocidad en esas sociedades. En las modernas sociedades complejas la reciprocidad pierde espacio ante la permanente presencia del dinero y del pago a cambio de la recepción del bien o del servicio. Sin embargo, dado que sirve como argamasa entre los individuos que forman la sociedad, tiene mucha importancia en las sociedades complejas cuando se trata de bienes y servicios de escaso valor, y aún ocasionalmente de más valor.
  • En cualquier sociedad la reciprocidad se produce tanto en el interior de los grupos humanos como entre los grupos. Sabida es la costumbre existente en muchas sociedades modernas, incluso urbanas, de que los vecinos agasajen a la persona o a la familia que se incorpora al vecindario, a menudo con alimentos dulces o bebidas. El beneficiario tratará de corresponder en lo sucesivo devolviendo ayuda, disponibilidad, etc.

 

3.7.1.1 La reciprocidad generalizada

  • La forma más elemental de la reciprocidad es la de tipo generalizado. Las personas dan bienes y servicios sin aparente expectativa de recibir a cambio. Es la característica de la familia, puesto que se practica entre los padres y los hijos, y entre los hermanos. Pero también es la del estudiante que presta sus apuntes de clase, sin exigir contraprestación aparente, porque contribuye a mejorar la integración en el grupo, a sabiendas de que con ello estimula el flujo de la reciprocidad.
  • Cuando pensamos en sociedades de organización simple, elementales si se quiere, en las mismas casi toda la distribución corre por los cauces de la reciprocidad generalizada. Cuando pensamos en las modernas sociedades urbanas, sólo una parte de los bienes y de los servicios se mueven en el contexto de la reciprocidad generalizada, que se reduce esencialmente al ámbito doméstico y al de los grupos de amigos y de vecinos, pero en estos casos, y por lo general, de manera ocasional.
  • ¿Es el altruismo el que mueve toda la reciprocidad generalizada en las sociedades humanas? No lo sabemos con exactitud, pero las investigaciones de los antropólogos que trabajan con sociedades de organización elemental y también las investigaciones de los que trabajan en sociedades complejas parecen estar de acuerdo en que la reciprocidad generalizada mejora la situación de los participantes en la misma. Por supuesto, quienes entregan bienes o servicios, v.g. los padres, son más felices de esta manera, pero también es posible que alberguen la esperanza de verse recompensados con posterioridad. 
  • Es evidente que la reciprocidad crece con la inseguridad. En las sociedades donde el acceso a los bienes y servicios es satisfactorio y el abastecimiento del comercio está garantizado, la reciprocidad pierde eficacia. Ésta, por el contrario, es muy alta en lugares donde no queda más remedio que compartir si se quiere tener asegurada la subsistencia, como sucede en las economías más elementales. 
  • La reciprocidad impera, por tanto, en su grado más alto allí donde la vida es precaria por definición, debido a que los recursos no son predecibles. Es en las sociedades de cazadores-recolectores, en las cuales quien caza hoy tal vez no lo haga mañana, donde la reciprocidad ocupa por entero los cauces de la distribución. 
  • Los cazadores-recolectores comparten muy especialmente la carne, mucho más que los alimentos vegetales. La falta de predecibilidad de la caza, frente a la relativa previsión de la existencia de plantas, explica la mayor reciprocidad en el reparto de la carne. 
  • La reciprocidad también parece ser una garantía de convivencia en las sociedades donde el alimento, en general, no es predecible. Cuando los cazadores-recolectores reparten las presas o el botín de la recolección estimulan la amistad y aseguran la paz. Al mismo tiempo generan obligaciones entre ellos que fortalecen la vida social, reduciendo el peligro de la secesión. En sociedades donde la vida es precaria la envidia que despertaría el egoísmo pondría en riesgo la existencia misma de unos grupos que están demasiado expuestos al azar genealógico. Los trabajos antropológicos revelan que cuando la escasez crece aumenta la reciprocidad como, por ejemplo, coincidiendo con los desastres naturales, aunque con algunas matizaciones.
  • Por último, la reciprocidad refuerza la posición del generoso en las sociedades de cazadores-recolectores, mientras que el egoísmo la debilita. El generoso ve recompensadas sus virtudes de múltiples formas. El liderazgo y la venerabilidad pueden ser algunas de ellas.  Por lo que puede apreciarse en los estudios científicos, las actitudes de reciprocidad suelen mejorar el crédito social de los participantes, al tiempo que mejora su proyección futura.
  • Por tanto, la reciprocidad se atenúa en las sociedades donde crece la predecibilidad, como son las de horticultores. Y se hace más discreta aún en las sociedades de agricultores, en las cuales la predicción es aún más evidente. En estas sociedades la reciprocidad encuentra su espacio favorito en el ámbito del parentesco, aunque pierde efectividad a medida que el parentesco se hace lejano. Así lo revela, por ejemplo, el estudio clásico de A. Richards sobre los Bemba del norte de Rodesia (1939). Entre estos agricultores, cuando la cosecha era pobre se compartía con los parientes cercanos, mientras que con los lejanos sólo algunas cosas.

 

3.7.1.2 La reciprocidad equilibrada y la reciprocidad negativa

  • En el caso de la reciprocidad equilibrada, las expectativas de la devolución de lo que se da son explícitas, y también a corto plazo. Alguien da algo y espera que, en poco tiempo, le sea devuelto. No es preciso que lo devuelto sea exactamente equivalente a lo dado. Puede tratarse tanto de bienes como de servicios. 
  • Expresada así la reciprocidad equilibrada, pudiera confundirse con el trueque. Alguien que da algo, recibe algo a cambio. Y sin embargo, la reciprocidad equilibrada presenta como diferencia que el marco social prima sobre el intercambio meramente económico, al revés de lo que sucede en el truque. El trueque es un acto episódico, en el cual lo económico domina lo social. En la reciprocidad equilibrada sucede al revés: es más importante la relación social que los bienes o servicios intercambiados. Más aún, las cosas intercambiadas pueden constituir la simple disculpa de la relación social.
  • La otra diferencia entre la reciprocidad equilibrada y el trueque  se halla en que la reciprocidad equilibrada no exige que los bienes o servicios intercambiados sean equivalentes. Por el contrario, en el trueque la equivalencia en lo económico es un requisito, de forma que las cosas que se cambian deben resultar en sí mismas intercambiables.
  • La conversación que comparten los amigos en la cafetería, en torno a unas consumiciones, cada día, de suerte que el pago se realiza alternativamente, es un buen ejemplo de la reciprocidad equilibrada. Dado que lo importante es el marco social, importa menos lo que consuma cada uno, dentro de la mesura. 
  • La literatura antropológica nos facilita algunos excelentes ejemplos de esta forma de reciprocidad. Uno de estos ejemplos es el que nos transmite B. Malinowski a propósito de su estudio sobre las islas Trobiand en Los argonautas del Pacífico occidental (1922) cuando estudia la institución del Kula, elevada a la consideración de paradigmática dentro de la antropología social.
  • Estos agricultores primitivos realizaban arriesgadas navegaciones con el fin de visitar a las personas con las que estaban asociadas en las islas vecinas. Lo social, es decir, la relación íntima y afectiva que establecían valía mucho más que lo intercambiado, aunque esto no fuera insignificante. De hecho, a través de estas navegaciones corrían las múltiples producciones domésticas de los isleños de las Trobiand.
  • La curiosidad es que los isleños, después de milenios de navegación, habían trazado rutas en forma de anillo (Kula), que todavía hoy siguen existiendo, y que tienen dos sentidos. Uno que sigue el recorrido de las agujas del reloj y otro contrario a mismo. En el sentido de las agujas del reloj, los isleños simbólicamente regalan a los socios de la isla vecina collares de conchas rojas al iniciar el ceremonial del encuentro anual y al tiempo de intercambiar un protocolario saludo. Después vendría la entrega de los dones materiales. Cada isleño sólo viaja a la isla vecina siguiendo este sentido de las agujas del reloj, de forma que los mismos collares son entregados por sus receptores a los socios de éstos en la isla vecina, siguiendo la misma dirección. Es así como los collares completan el anillo de forma incesante. Por el contario, los dones materiales son cambiantes.
  • Al revés, en sentido contrario a las agujas del reloj, se ha construido a lo largo de los siglos otro anillo con las mismas características. Pero ahora no son los collares de conchas rojas los que sirven al protocolo, sino las pulseras de conchas blancas, y siempre con los socios de la isla vecina. Las cosas materiales intercambiadas, en un caso y en otro incluyen batatas, ñames, objetos de artesanía y otros bienes. Y siempre se trata de un encuentro que posee carácter anual.
  • Es evidente que el Kula ha servido para atar las relaciones humanas entre los isleños a lo largo de los siglos, mediante un mecanismo que, ciertamente, es la expresión misma de una profunda relación social. Por otro lado, y complementariamente, el Kula ha servido para realizar el intercambio de los productos domésticos en unas islas que, por razones ecológicas, no son homogéneas, de forma que el Kula ha contribuido, al menos en alguna medida, a igualar las producciones en el archipiélago de las islas Trobiand de la Melanesia.  
  • Por tanto, el Kula del archipiélago de las islas Trobiand comporta un ejemplo de reciprocidad equilibrada realizado a partir de una larga serie de bienes. En las diferentes culturas existen muchos ejemplos, no sólo de bienes sino también de servicios. Es frecuente el intercambio de servicios en las sociedades donde está presente el campesinado. Cada campesino recibe periódicamente la ayuda de otros campesinos para realizar determinadas labores a lo largo del ciclo vegetativo (siembra, recolección, etc.). Esta ayuda se devuelve, recíprocamente, cuando sus vecinos realicen labores similares, dando lugar a circuitos de ayuda basados en el parentesco, en la vecindad o en la amistad.
  • En el seno del campesinado es muy frecuente que estas ayudas se acompañen de la comensalidad. A la finalización del trabajo, o también en algún momento del mismo, el anfitrión invita a los demás a un pequeño banquete, que en el área del Caribe se denomina convite (palabra que en el correr del tiempo se ha incorporado al léxico español).
  • Una forma distinta de reciprocidad es la negativa. Quien recibe un bien o un servicio crea expectativas de devolución sin cumplir con la obligación que ha generado. El receptor del bien o servicio se apodera egoístamente de un beneficio, valiéndose del engaño, sin efectuar compensación alguna.
  • No hay duda de que la reciprocidad, en general, más intensa es la de las sociedades de forrajeros y la de horticultores. Fue M. Sahlins quien llegó a la conclusión de que la reciprocidad generalizada adquiere su máxima intensidad en el interior de la familia o del grupo de parentesco, mientras que se va atenuando a medida de que el parentesco se hace más lejano. Entre iguales sin parentesco es probable que pueda darse la reciprocidad equilibrada. Finalmente, la reciprocidad negativa es factible entre desconocidos. 
  • De acuerdo con lo que se viene diciendo, la reciprocidad pierde efectividad como mecanismo de distribución de bienes y servicios en las sociedades de agricultores y de pastores y, más todavía, en las sociedades modernas occidentales, especialmente en las sociedades urbanas.
 
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