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Los biomas tropicales y ecuatoriales ocupan la mayor parte de la superficie comprendida entre los trópicos de Cáncer y de Capricornio. Suelen excluirse de ellos los desiertos, que tienen un carácter azonal, y algunas áreas que, por su altitud, adquieren caracteres diferenciados y que se analizan dentro de las áreas de montaña. La superficie abarcada por estas regiones es amplísima y en su interior, inevitablemente, existen importantes contrastes. Sin embargo, todas ellas comparten una serie de rasgos comunes que justifican su análisis conjunto y la transición entre unas y otras suele ser gradual dando lugar a amplias franjas de ecotono y a una notable permeabilidad de sus límites.

El rasgo más característico de los ecosistemas intertropicales es que todos ellos están sometidos a temperaturas elevadas durante todo el año siendo las amplitudes térmicas tanto estacionales como diurnas muy moderadas. En las zonas más próximas al Ecuador, la estacionalidad puede incluso llegar a ser prácticamente nula. Dadas estas circunstancias, y como el calor es, hasta cierto límite, favorable a la vida, los seres vivos no necesitan disponer de recursos para enfrentarse al frío ni adaptar el ritmo de su desarrollo a ciclos de temperatura.

Sin embargo, las precipitaciones varían enormemente ya que entre los trópicos se encuentran todo tipo de situaciones desde desiertos en los que las lluvias son prácticamente nulas, hasta los lugares más lluviosos de planeta (“record” difícil de establecer por la insuficiencia de los datos pero que podría situarse en el Chocó colombiano o en Cherrapunji en la India). Por eso el total precipitado (del que depende la cantidad de agua disponible), junto a la distribución estacional de las lluvias son los factores que en mayor medida determinan la distribución de los seres vivos.   

En esquema la distribución de las precipitaciones es muy sencilla ya que tanto el número de días de lluvia como los totales registrados aumentan regularmente desde los trópicos hasta el Ecuador:

En torno a los trópicos los anticiclones bloquean las precipitaciones durante todo el año y no existen meses lluviosos lo que da lugar a los desiertos tropicales (ver capítulo dedicado a las regiones áridas). 

En el Ecuador, las precipitaciones se producen abundantemente a lo largo de todo el año y no existen estaciones secas (clima “Ecuatorial”).

Por fin, entre uno y otro extremo, existe una amplia franja intermedia en la que a lo largo de cada año alternan una estación húmeda (más prolongada cuanto más baja sea la latitud) y otra seca (clima/s “Tropical/es”).

Este progresivo aumento de las precipitaciones desde los trópicos hasta el Ecuador explica la diversidad de ambientes que existen en estas regiones. Así, a medida que disminuye la latitud, se suceden el desierto, una estepa tropical, la sabana, los bosques tropicales y la pluvisilva ecuatorial. 

 

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Relación entre el volumen de las precipitaciones, la altura de la vegetación, el índice de masa foliar (superficie de las hojas por cada m2 de superficie de suelo) y los distintos tipos de biomas tropicales desde los trópicos (izquierda) hasta el Ecuador (derecha).

Fuente: Reelaboración a partir de Bonan, G. (2002). Ecological climatology. Concepts and aplications. Cambridge U.P.).

 

El esquema citado, muy patente en África, queda algo distorsionado por efecto del relieve o de la desigual distribución de tierras y mares en América y Asia aunque los ambientes resultantes son similares y guardan la misma relación con las precipitaciones que los que se observan en África o Australia.

 

 

 
Última modificación: martes, 18 de julio de 2017, 12:49